No siento nada en realidad con tu partida, es probable que tu ausencia sea algo que me tome por sorpresa al llegar a casa.
Sin embargo he llegado a mi habitación y no me duele el corazón precisamente, me fastidia el desorden que ha quedado. Es mi desorden, soy consciente de ello. Eso es lo que me duele, que al irte dejas al descubierto lo mucho que me falta para llenar mi propio vacío, ese que intentaste llenar con tus formas de hacer las cosas.
Quisiera llorar tu partida, pero no me resulta. ¿Será acaso lo que ya sabía? ¿Que no siento que te amo?
Llevo 4 horas seguidas escroleando Instagram, ahora como signo de esta disciplina que quiero aprender a cultivar por mí misma, me he lavado los dientes, he hecho la cama, preparado té ( sí, de la misma forma que tú lo preparas wachito) y el guatero en mis pies me reconforta mejor que cualquier otra cosa. Desde mi cama vuelvo a hechar una mirada al rededor y sé que tengo mucho trabajo que hacer. Espero poder lidiar con la frustración y no evadirme durmiendo.
Hasta mañana milla.
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