domingo, 24 de octubre de 2021

introducción

Aún hoy , con 27 años y un hijo, el sexo sigue siendo un rompecabezas para mí.
Fué imposible explicarle al amor de mi vida que no lo deseaba sexualmente. Es difícil de explicar... Y de oír. 
No era capaz de entenderlo en esos momentos, por eso cuando esa mañana llegó con un colchón de espuma y me pidió el divorcio me pilló por sorpresa.
Por primera vez en mi vida conecté con un sentimiento que me hacía desear cada célula de su cuerpo y amarlo al mismo tiempo.
Nuestra última vez me preguntó por qué no pudo ser así siempre. Fué el mejor sexo de nuestra historia, fuí tan consciente del orgasmo que tuve un squirt. Esa última vez conecté con un amor que tenía sepultado dios sabe con qué. Nunca había hecho el amor de forma consciente, ahora lo entiendo mejor. 
Creo que el saber que podría tocarlo sólo por aquella última vez, de mí parte pude sentir la complicidad. Y algo más...
Fué como destapar una presa.
Nunca antes había tenido que lidiar con el deseo de coger tanto y la frustración de no poder hacerlo con él, lo hacía peor.
Soporté una semana, porque por más que intentaba masturbarme, nada saciaba mi deseo. 
Pensé que sólo necesitaba sexo.
Además estaba el factor de que él aún no se iba de la casa y descubrí que hablaba con otra.
Si él era mi objeto de deseo, tenía que cortar ese vínculo y pensé estúpidamente que otro me podría dar  ese placer. 
 Me casé virgen,  y a pesar de que fuí infiel una vez, para mí eso no cuenta porque el sujeto en cuestión fué precoz en extremo, por lo cual no tenía más experiencia que mi esposo. La idea de otro hombre dentro de mí, era una medida desesperada pero útil si quería dejar que él fuera alguien especial. Según yo.
Y no podía estar más equivocada.



No hay comentarios:

Publicar un comentario